Los cuadernos azul y marrón
(de Vicente Ulive-Schnell)

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Todavía podemos pensar: hacia un debate productivo de reforma constitucional

Muchas cosas quedan entredicho en la reforma constitucional que se supone deberíamos estar debatiendo. Este artículo de Edgardo Lander subraya algunos puntos centrales al debate que deberían ser esclarecidos. No se trata de oponerse a ultranza a la reforma o de gritar loas al gobierno, se trata de pensar más allá de estas dos flácidas opciones. El señor Lander atina al hacer algunas preguntas de envergadura para entender todo esto.

En el artículo ‘Contribución al debate sobre la propuesta de reforma constitucional’, Edgardo Lander se explaya a lo largo de veinte puntos, en lo que él cree puede ayudar a profundizar la democratización de la sociedad, así como las mayores trabas que encontramos en el texto. He extraído algunos puntos de su extenso análisis para colocar en la mesa de todo este debate.

Nosotros señalábamos, en ‘problemas en la definición del socialismo’, algunos baches conceptuales ligados al uso de esta palabra. En su artículo, Lander enfatiza la necesidad de entender qué es socialismo, qué lo caracteriza y cómo se instaura; sobre todo porque el gobierno propone un socialismo ‘nuevo’, del siglo XXI, que aparece reiteradamente en la reforma constitucional. Dice Lander:

‘El tema del socialismo había sido planteado por Chávez en forma reiterada durante la campaña electoral, pero más allá del calificativo de ‘socialismo del siglo XXI’, no se había avanzado en la caracterización del modelo de socialismo que se buscaba construir. Dado que se calificaba como socialismo del siglo XXI, estaba claro que no era el socialismo del siglo XX, en particular no se trataba del socialismo soviético. Sin embargo, no se precisó en qué consistía la diferencia y en qué aspectos debería distanciarse el socialismo del siglo XXI de la experiencia soviética del siglo XX. ¿En la negación del modelo de partido único? ¿En otras modalidades de relación entre Estado y partidos? ¿En el rechazo de una ideología oficial del Estado? ¿En alternativas al modelo monocultural negador de toda diferencia? ¿En formas de organización y participación política orientadas a no repetir la llamada democracia popular o proletaria, que terminó por negar la idea misma de democracia? ¿En un modelo económico que no esté basado en la planificación burocrática centralizada? ¿En un cuestionamiento radical del productivismo industrialista de crecimiento sin límite, que representó en la Unión Soviética, como hoy en China, una guerra sistemática contra el resto de la naturaleza, contra la vida misma en el planeta, en forma similar a como lo hizo históricamente y continúa haciéndolo el capitalismo? ¿Se trata de un socialismo con pluralismo político, compatible con lo que establece uno de los principios fundamentales de la constitución vigente?

Antes de votar a favor de una reforma constitucional que defina al Estado, a la economía a la democracia como socialistas, los y las ciudadanos ciudadanas tenemos derecho a participar en estas definiciones ¿Qué se entiende por un Estado socialista? ¿Qué se entiende por una economía socialista? ¿Qué se entiende por una democracia socialista? ¿En que se diferencian estas de los Estados y de las economías y las democracias del socialismo del siglo XX? No se trata de modo alguno de disquisiciones semánticas, sino de decisiones básicas sobre el futuro del país.’ (Énfasis mío).

Hecha la pregunta, Lander pasa a cuestionar la forma en la cual se está llevando a cabo la reforma, los problemas de no convocar una constituyente para tal fin y los embrollos legales:

‘Al buscar la realización de transformaciones tan profundas del orden constitucional sin la convocatoria de una Asamblea Constituyente, se coloca al Tribunal Supremo de Justicia, y a su Sala Constitucional -como intérprete en última instancia de la Constitución- entre la espada y la pared. Si, a pesar de lo que dice en forma explícita el artículo 342 de la Constitución, este tribunal dictaminase que estos profundos cambios pueden hacerse vía reforma, sin que sea necesaria la convocatoria de una Asamblea Constituyente, el Tribunal Supremo de Justicia quedaría seriamente deslegitimado como poder público autónomo, produciéndose de esta manera un severo deterioro en la separación de poderes y en la institucionalidad democrática prevista por la propia Constitución, antes y después de la reforma’. (Énfasis mío).

¿Qué implica esto? ¿En qué términos está planteado el debate? Creo que Lander da en el clavo cuando dice:

‘Lejos de promoverse un debate abierto sobre la sociedad que se quiere construir, o siquiera sobre los diferentes aspectos de la reforma propuesta, se construye una opción maniquea entre chavismo y antichavismo, que descalifica como de la oposición, o como ‘reformistas’, ‘infiltrados’, contrarrevolucionarios, quienes ‘saltaron la talanquera’, a quienes expresen desacuerdos con algún aspecto de la reforma propuesta. En consecuencia, el referéndum en torno a la reforma constitucional adquirirá el carácter de un nuevo referéndum a favor o en contra de Chávez.

Mientras exista el Estado, la democracia exige y pasa necesariamente por el reconocimiento de las inevitables (y necesarias) tensiones entre Estado y la multiplicidad de formas organizativas y tejidos asociativos autónomos existentes en la sociedad. Buscar resolver esta tensión por la vía de incorporar estas múltiples modalidades organizativo/asociativas al interior del Estado, o en la búsqueda de una identidad pueblo-Estado, amenazaría la existencia de ámbitos autónomos no sometidos a la lógica del Estado, ámbitos autónomos que como la historia ha demostrado, son una condición necesaria de la democracia, no sólo de la democracia liberal, sino igualmente de una democracia radical.’ (Énfasis mío)

No será revelador para nadie el hecho de entender que la reforma en la jornada laboral, aparte de ser un planteamiento constitucional ‘extraño’ (¿no atañe a la ley del trabajo?), presenta dificultades de envergadura. Ya ‘El Liberal venezolano’ señalaba en un ejercicio corto los costos que implica esta reforma (de hecho, el ‘Liberal venezolano’ se especializa en mostrar los costos que implica cualquier cosa. El mundo se reduce a su justo precio -pero ése es otro tema, en esta ocasión su análisis resulta pertinente). Lander acota:

‘La reducción de la jornada de trabajo es una aspiración legítima de los trabajadores y las trabajadoras. En la reforma propuesta al artículo 90 se establece que la jornada de trabajo diaria tendrá un máximo de seis horas. La posibilidad de que mediante esta reducción puedan crearse nuevos empleos podría ser significativa. Este ha resultado ser, como era de esperarse, uno de los aspectos más atractivos de la reforma propuesta. Sin embargo, sería necesario investigar, más allá de lo justo que resulta esta reivindicación, si se está hoy en Venezuela en condiciones de decretarla constitucionalmente. ¿Es posible aplicarla en forma simultánea en todas las ramas y tipos de actividad económica, independientemente de su productividad y de su mayor o menor capacidad de absorber los costos adicionales que esta medida conlleva, o de las dinámicas diferenciales establecidas por los ciclos de las actividades agrícolas? ¿Qué implicaciones tendrá para un proceso productivo, que a pesar de la expansión económica sostenida de los últimos años todavía ha demostrado limitadas capacidades de generación de empleo? ¿No se estará reforzando con esto el carácter rentista del modelo productivo el país?’

Luego, Lander llega a la mayor preocupación de la oposición, la reelección continua o como quieran llamarle. Sin embargo, esto es un dolor de cabeza para gente que milita desde las bases, ‘socialistas libertarios’, como dice J.R. Duque, para quienes el mayor problema es el usufructo de su trabajo por una burocracia ineficiente y corrupta, y la perpetuación de algo que ellos llaman ‘proceso’ más allá de la figura de Chávez. El excelente artículo de Duque, ‘Chávez morirá’, presenta la polémica de manera transparente. Lander lo reafirma:

‘En términos más sustantivos, y en vista de que no se trata de un asunto doctrinario abstracto de la filosofía política, sino de una propuesta pensada y diseñada para una coyuntura política específica, la consolidación en el tiempo de un liderazgo incuestionado de una persona puede llegar a obstaculizar la creación de una cultura de debate plural y de profundización democrática. Con la posibilidad de la reelección indefinida del Presidente -dada la edad de Chávez- el tema de la creación de liderazgos de relevo desaparece del horizonte. Si después de catorce años de Chávez en la presidencia (esto es, en el momento de las elecciones del año 2012 o 2013), no se ha logrado un nivel de institucionalización tal del cambio que haga posible su continuidad más allá de una persona, habría razones para interrogarse sobre la solidez y profundidad del proceso. No hay, por otra parte, razón alguna por la cual Chávez no podría continuar desempeñando un papel político importante fuera de la presidencia.’

Lander cierra su análisis con un párrafo al cual deberíamos prestar atención. De lo que se trata es de intentar que la sociedad mejore. Cerrar los ojos ante los proyectos que el gobierno ha llevado a cabo de manera positiva, es simplemente ser un necio reaccionario. Pero cerrar los ojos ante los defectos, problemas estructurales, críticas y posibles mejorías en dichos proyectos es ser un descerebrado lamebotas, no un demócrata, mucho menos alguien que lucha por el bienestar de la sociedad entera. Que cada quien, desde su perspectiva ‘socialista’ o ‘liberal’ intente hacerlo y respete la postura del otro es lógico, la forma en la cual la democracia debería funcionar. Lander aboga por esto, y a pesar de que estoy seguro de que tendríamos muchísimas diferencias, creo que apunta en el sentido correcto. Los dejo con su último párrafo:

‘Lo que está en juego hoy en Venezuela no es la permanencia de Chávez en el gobierno. El Presidente ha sido recientemente re-legitimado y su apoyo popular no está en cuestión. De lo que trata es de garantizar la continuidad del proceso de cambio y la profundización de la democracia. Esta reforma constitucional -tanto por su contenido, como por los mecanismos de discusión y toma de decisiones que han sido diseñados- no parece ser el mejor camino para ello. La construcción de una sociedad democrática sólo es posible con procedimientos cada vez más democráticos. El momento exige más participación, no una participación pre-acotada, exige cada vez más democracia, de la participativa y protagónica.’

Propuesta de reforma constitucional

‘Contribución al debate sobre la propuesta de reforma constitucional’ (E. Lander).

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